Cómo hacer un diagnóstico financiero de tu empresa paso a paso

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Para qué sirve un diagnóstico financiero

Un diagnóstico financiero responde a tres preguntas que todo gerente debería poder contestar en cualquier momento: ¿gana dinero mi empresa?, ¿es solvente?, ¿genera caja suficiente para sostener su actividad y su crecimiento? No es un ejercicio académico ni un informe para presentar al banco. Es la base sobre la que se toman las decisiones del año siguiente.

Hacer este diagnóstico no exige incorporar un director financiero. Exige tiempo, datos fiables y un método. Lo que sigue es un guion en seis pasos pensado para una pyme canaria de entre once y doscientos empleados.

Paso 1. Reunir la información de partida

Sin información ordenada, no hay diagnóstico posible. Como mínimo, conviene tener a mano:

  • Cuentas anuales de los tres últimos ejercicios (balance y cuenta de pérdidas y ganancias).
  • Sumas y saldos del ejercicio en curso, cerrado al último mes disponible.
  • Detalle de deuda financiera viva: capital pendiente, tipo, vencimiento y garantías.
  • Posición de tesorería actual y movimientos de los últimos seis meses.
  • Cartera de clientes y de proveedores con antigüedad de saldos.

Paso 2. Leer la cuenta de resultados con criterio

La cuenta de resultados se lee de arriba abajo, pero se entiende mirando los márgenes. Tres niveles bastan para empezar:

  • Margen bruto. Lo que queda después de descontar el coste directo de lo que vendes. Indica si tu modelo de negocio, en sí mismo, gana dinero.
  • EBITDA. Resultado antes de intereses, impuestos y amortizaciones. Mide la capacidad de la actividad para generar caja operativa.
  • Resultado neto. Lo que realmente queda para el accionista una vez pagado todo, incluido el impuesto de sociedades.

La pregunta útil no es solo cuánto sale en cada nivel, sino cómo evoluciona en los últimos tres años y cómo se compara con lo que se ve en el sector.

Paso 3. Analizar el balance: estructura y solvencia

El balance dice de qué está hecha la empresa y cómo se está financiando. Cuatro relaciones permiten formarse una idea rápida:

  • Fondo de maniobra: activo corriente menos pasivo corriente. Debe ser positivo en la mayoría de actividades.
  • Ratio de endeudamiento: deuda total sobre fondos propios. Aporta una primera lectura de cuán apalancada está la empresa.
  • Calidad de la deuda: peso de la deuda a corto sobre la deuda total. Cuanto mayor, mayor presión sobre la tesorería.
  • Autonomía financiera: fondos propios sobre activo total. Cuanto más alta, mayor capacidad para resistir un mal año.

Paso 4. Comprobar la generación de caja

Una empresa puede ser rentable en cuenta de resultados y, sin embargo, tener un problema serio de caja. La diferencia suele estar en el circulante: clientes que pagan a noventa días, stock que crece más rápido que las ventas o proveedores que aprietan los plazos.

Un diagnóstico mínimo de caja incluye el período medio de cobro, el período medio de pago y la rotación de existencias. Con esos tres datos, ya es posible hablar de necesidades operativas de financiación.

Paso 5. Cruzar el diagnóstico con el marco fiscal canario

En Canarias, el diagnóstico financiero está incompleto si no se cruza con el marco fiscal. El REF y la RIC permiten reducciones muy significativas en la base imponible cuando se planifican con tiempo. Si una empresa cierra el ejercicio sin haber valorado dotaciones, está renunciando a una parte importante del valor que su propia actividad genera.

Punto crítico Un diagnóstico financiero no termina en un PDF. Termina en tres o cuatro decisiones priorizadas para los próximos doce meses. Si no se traduce en decisiones, no es un diagnóstico: es un informe.

Paso 6. Convertir el diagnóstico en plan de acción

El cierre del diagnóstico es una conversación entre gerencia y asesor en la que se acuerdan, como mucho, cinco prioridades: dónde se quiere mejorar margen, qué se va a hacer con la deuda, qué decisiones de inversión se afrontan, qué dotaciones fiscales se van a planificar y qué información se va a empezar a medir cada mes.

A partir de ahí, el cuadro de mando mensual permite seguir el avance sin necesidad de repetir el diagnóstico completo cada año.


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